top of page

OMI de corazón

Actualizado: hace 1 día

Hoy hace un año falleció Antonio, un hombre que me ha marcado profundamente. Con este texto quiero hacer memoria de este camino compartido con él y agradecer a Dios que ha unido nuestros pasos:


“Antes de que se corte, dime cuándo te puedo volver a llamar.” Esta frase la escuchaba a menudo de parte de Antonio, preso en una cárcel de Madrid. Al mudarme a Alemania las llamadas telefónicas y las cartas escritas han sido medios importantes para seguir conversando. Las llamadas permitidas desde la cárcel duraban 8 minutos. A veces hacíamos dos llamadas o una tercera para despedirnos. Lo que no nos dio tiempo hablar, Antonio lo escribía en sus numerosas cartas.


Empecé a visitar la cárcel en octubre de 2022 compartiendo con los internos la misa dominical y luego un rato con los presos más jóvenes. Un día, se me acercó Antonio, un señor de 79 años.


Acababa de reencontrar a Dios y de entregarle su vida totalmente, lo que se reflejaba en muchas de sus cartas cuando, al vivir momentos difíciles, me escribía: “Él sabe por qué hace estas cosas, pero yo ya soy suyo por entero, y me dejo llevar por Él a donde me lleve. Confío en Él plenamente. Jamás me falló. Y si ha hecho esto, que es durísimo, algo me tiene reservado. Seguro que sí. Soy feliz dejándome llevar. Sé que lo llevo a mi lado. ” No entendía, pero confiaba sin reservas en su Dios – “en mi Dios, nuestro Dios” – como decía. Era un hombre de oración, el pasillo fue su “claustro” y charlaba con Dios desde que se despertaba hasta irse a dormir.

Fue un gran buscador que no se contentaba con unas respuestas superficiales. Siempre buscaba ir más allá, comprender el misterio de Dios con la razón, sabiendo a su vez que nunca lo iba a conseguir.

En varios momentos le recomendé leer algún libro, como las Confesiones de San Agustín o la Filotea de San Francisco de Sales. Su lectura siempre fue crítica, decía abiertamente que una u otra afirmación no le gustaba o que no estaba de acuerdo con lo que decían los autores. A pesar de ello, volvía a leerlo y después de cierto tiempo me decía: ¿Cómo que no lo he visto antes? ¡Es que es tan claro!

Había teólogos que no le gustaban nada. Le parecían muy atrevidos e incomprensibles para la gente sencilla como era él. Cuando acabé mis estudios de teología, Antonio me decía: “Por favor, no te conviertas en uno más de tantos teólogos. La gente sencilla no entiende de “teologías”, necesita que se les hable en “vacas”, con la máxima sencillez posible, y con su vocabulario.”


Ayudaba donde podía: Vivía casi todo el tiempo en una celda de cuatro camas donde había un constante cambio de personas. Se sentía cansado y le ofrecían varias veces cambiar a una celda de dos camas, pero no quería. Deseaba estar siempre disponible para ayudar a los nuevos compañeros en sus necesidades y servir así a su Dios, cumpliendo la misión que Él le había encomendado.

También a nosotras, las oblatas, nos apoyaba como podía, especialmente nuestra misión naciente en Perú. Rezaba por nuestras misiones y para que permaneciéramos fieles a nuestra vocación. Nos dedicó también una de sus Oraciones / Poesías que tanto le gustaba escribir.


En su búsqueda del modo de cómo vivir su entrega a Dios, pasó por varios momentos. Todo lo apasionaba. Si lo pienso ahora, me recuerda mucho a Santa Teresita de Lisieux en su búsqueda de su vocación:

“Quiero ser guerrera, sacerdote, apóstol,

doctora de la Iglesia, mártir… ¡Si yo fuera sacerdote! ... He hallado mi propio lugar en la Iglesia, y este lugar es el que tú me has señalado, Dios mío. En el corazón de la Iglesia, que es mi madre, yo seré el amor.” (Historia de un alma)

Antonio deseaba ser sacerdote para poder celebrar la Eucaristía y sólo difícilmente acogía el hecho que, a su edad, ya no era posible. Pero sí acogió la idea del sacerdocio bautismal y lo ejercía con toda su vida.

Deseaba hacer votos religiosos y hasta escribió su propia versión de la profesión de votos, preparado para pronunciarlos cuando esté preparado. Le gustaba mucho lo de OMI, la Inmaculada, las misiones... Varias veces me escribió: ¡Cómo me gustaría ser oblato!



Una vez escribí a Chicho Rois OMI sobre este deseo de Antonio. La respuesta de Chicho para Antonio fue clave: “Dile a Antonio que ya es oblato de corazón.” Unas palabras que hicieron un cambio radical en la vida de Antonio. Hasta intercambió alguna carta con “su” superior general y con mucha delicadeza empezó a firmar sus cartas como “Antonio, OMI de corazón”. Como Santa Teresita, descubrió su vocación.

Cuando le regalé una pequeña cruz de madera con las letras OMI, se la colgó en su cuello – con un hilo dental, ya que nada de lazos estaba permitido en la prisión – y la llevaba siempre puesta, contento y feliz. Leyó también el libro sobre la vida de San Eugenio de Mazenod y se admiró por cómo Eugenio también lloraba. Antonio era muy sensible al pensar en el amor que Dios le tenía y muchas veces le salían las lágrimas, como decía: “Y mis ojos a su bola."


Nos alegrábamos pensando en mis votos perpetuos que iba a hacer. Antonio quería estar presente y yo me alegraba de ello. Teníamos planes, pero el Señor ha tenido otros. Después de Navidad, a Antonio le diagnosticaron un cáncer de páncreas.

Desde el hospital escribe:

31.12.2024: Me acabo de hacer una „Cruz” , con esparadrapo, y la pegué en la pared, delante de mí. La necesitaba y me he emocionado. Está regular, pues el esparadrapo era usado; me lo acababan de quitar a mí.
8.1.2025: Bueno, no estoy solo. Estamos los tres: Él, María Inmaculada y yo. No sé si “Chicho OMI" me habrá contestado, pero como cada momento me siento más OMI de ♥, yo sigo actuando como lo que siento: “OMI de corazón” . Creo que en la Cruz de la pared, voy a poner “OMI de ♥“. Quiero me pregunten qué es eso de OMI. Deseo dar Fe de ello, de Él, como así me lo pidió.
10.1.2025 Entraron en la habitación un señor y dos chicas jóvenes de Cáritas. Charlamos una hora, casi todo yo. Me apetece muchísimo, ahora, hablar a todos de Dios, y en cuanto puedo, saco el tema. Unos pensarán que estoy loco, y a otros les agrada, lo sé por sus miradas. Pero con lo de la Cruz en la pared, y la frase “OMI de ♥” , los tengo revolucionados

El 1 de febrero falleció. No temía la muerte, estaba preparado ya desde hace mucho para el encuentro con su Señor. Lo anhelaba. Murió feliz, dando hasta el último momento de su vida testimonio de Él y de su ser OMI de corazón. Estoy convencida de que su misión desde el cielo seguirá dando muchos frutos, como lo fue en Santa Teresita.



Y lo único que yo sé: “Antonio, deseo ser oblata tal como tú has sido oblato: ¡de CORAZÓN!” Lo oigo decir: “Déjate llevar, Melánia. Él nunca te fallará.” Así lo haré.





Melania omi

 
 
 

Comentarios


bottom of page