top of page

Mirar con María, mujer de la Navidad

Querida familia, 


¡Os deseamos una Feliz Navidad! Que Dios siga visitando vuestras vidas y siga encarnándose en nuestros corazones. Que sea una ocasión para acercarnos al misterio de este “Dios con nosotros” y, por ello, también días de recogimiento y de tiempo en familia.


ree

Estos días nos invitan a profundizar en la mirada de María, que guardó todas las cosas en su corazón y cultivó así una mirada de fe y de confianza. María es la mujer del Adviento y también, podría decirse, la mujer de la Navidad.


Podemos imaginar cómo esa actitud de guardar las cosas en el corazón le fue configurando en su espera del nacimiento de su Hijo: en la visita a su prima Isabel, en la peregrinación a Belén, en la búsqueda de posada y, finalmente, en Belén donde dio a luz al Hijo de Dios. Todo eso suponía ciertamente para ella dudas, preocupaciones, la necesidad de salir de sí misma, de sus seguridades y de lo conocido, para afrontar la incertidumbre del futuro. Pero fue capaz de mirar todo con una confianza profunda en Dios, Aquel de quien proclama en el Magnificat que es su Salvador, el Poderoso y el Misericordioso.


Podemos preguntarnos entonces: ¿cómo fue su mirada en la noche del nacimiento de Jesús? Miró con fe y confianza a ese Niño vulnerable y frágil, sobre el que había

ree

recibido la promesa del ángel de que sería el Hijo de Dios. Miró con fe y confianza a José, en quien descubría una entrega y fidelidad a las llamadas de Dios. Miró con fe y confianza, y guardó en su corazón, a esa pequeña comunidad reunida alrededor del Niño: los pastores, que desde su pobreza querían ofrecer lo que tenían; los ángeles, que no dejaban de alabar a Dios; y también la mula y el buey, que en su sencillez daban calor en una noche fría. Con esta misma mirada acogió a los tres Reyes Magos, que representan a toda la humanidad y, con ellos, la realidad del mundo entero. Y, por último, miró con confianza y guardó en su corazón su propia misión de madre: la misión de cuidar, de alimentar y de acompañar el crecimiento. Si queremos crecer como María en esta actitud de guardar las cosas en el corazón, este tiempo de Navidad puede ser una invitación a cultivar y transformar nuestra mirada, una mirada que brota de la confianza en Dios.


Podemos preguntarnos si miramos nuestras familias y comunidades con esta mirada de fe. En ellas encontramos, quizá igual que María, pobrezas y límites, pero es allí donde Dios quiere nacer y donde quiere salvar. También podemos preguntarnos cómo miramos este mundo, la humanidad y nuestra sociedad con las realidades que hoy vivimos. Dios quiere hacerse presente allí. Y, finalmente, preguntarnos cómo acogemos la misión que Dios nos confía como cristianos: ser testigos de su amor y de su salvación.


Si dejamos espacios para contemplar todo esto de la mano de María, ella nos enseñará. Podemos pedírselo en esta Navidad de una manera especial.


Con mucho cariño

Misioneras Oblatas de María Inmaculada

 
 
 

Comentarios


bottom of page