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Una sincera obediencia

A lo largo de los años voy siendo más consciente de mi vocación y de lo que Dios está haciendo dentro de mí. Él me ha elegido para entregar la vida a los demás desde una consagración religiosa. Seguir los pasos de Jesús conlleva una auténtica y sincera obediencia. Entrar en la escuela del amor y de la vida, es aprender de sus palabras, sus gestos, el modo de vivir el evangelio y contemplar la dulzura del encuentro con una mirada de misericordia. Caminar juntos en esperanza es la alegría de compartir esta entrega obediente desde un amor apasionado a Jesucristo y a su Iglesia.



Esta elección de vida me ha sido dada por pura gracia, para que dé fruto y ese fruto permanezca en mí y a aquellos que el Señor me ha enviado sobre todo a los que todavía no le conocen.


¿Tú conoces a Jesús? ¿Qué sabes de Él?

¿Te sientes amada/o por Él? ¿Piensas que él está a tu lado?



Canción “ El Señor nos bendiga”


El Señor nos guie en el camino Y nos bendiga Que en nosotros brille su rostro Que lo alabe nuestra vida...



No permitas que el mundo de hoy te cierre las puertas de una vida nueva. Deja tu puerta abierta para acoger las alegrías, las ilusiones, las adversidades para afrontar los miedos y superar las barreras del pecado, porque él va a tu lado. Déjale entrar en tu vida como yo le dejé entrar en la mía, llenándola de gracia y de amor.


La sincera obediencia es el deseo de encontrarme con él todos los días. Saber interpretar los signos de los tiempos con su palabra y responder con prontitud a su voluntad. A veces me resisto, pero esta actitud no me lleva a nada, simplemente a un vacío interior. Hay que romper muros, partir el pan y compartir para seguir dando la

vida recibiendo el ciento por uno.


Oración de San Francisco de Asís

Oh, Señor, hazme un instrumento de Tu Paz

Donde hay odio, que lleve yo el Amor.

Donde haya ofensa, que lleve yo el Perdón.

Donde haya discordia, que lleve yo la Unión.

Donde haya duda, que lleve yo la Fe.

Donde haya error, que lleve yo la Verdad.

Donde haya desesperación, que lleve yo la Alegría.

Donde haya tinieblas, que lleve yo la Luz.

Oh, Maestro, haced que yo no busque tanto ser consolado, sino consolar; ser comprendido, sino comprender; ser amado, como amar.

Porque es: Dando, que se recibe;

Perdonando, que se es perdonado;

Muriendo, que se resucita a la Vida Eterna.



Vito OMI

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