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Un regalo de Dios


Cuatro hermanas de la comunidad del juniorado, junto con un grupo de jóvenes, hemos participado durante la Semana Santa en una experiencia misionera en Tetuán, Marruecos. Ha sido un regalo de Dios el poder compartir entre nosotros nuestro camino de fe y acompañar a la Iglesia local durante estos días tan importantes de la vida cristiana. Además, a través de diferentes voluntariados con niños discapacitados, con ancianos o con los inmigrantes, nos dejamos tocar por la realidad que viven y pudimos salir al encuentro de las personas que viven y trabajan allí. Compartimos con vosotros el testimonio de Alfonso y del matrimonio joven italiano, Luisa y Pietro, que vivieron esta experiencia con nosotras.

 

"La misión en Marruecos ha sido inolvidable por muchas razones. En concreto por tres. La primera: nuestro grupo de misioneros. Hemos compartido nuestras inquietudes, nuestras experiencias de fe y una convivencia muy alegre y familiar. La segunda: la comunidad cristiana. He tenido la suerte de poder ver diferentes carismas de la Iglesia que, a pesar de sus diferencias, están unidos por una sola misión. Y la tercera: la cultura marroquí. Además de haber vivido su día a día, me he dado cuenta de lo importante que es tener a Dios presente en todo momento gracias a los musulmanes. Una experiencia única para crecer en la fe y como persona, y a compartir sin demora."


Alfonso, 20 años

 

"Somos Pietro y Luisa, un matrimonio joven de 35 y 34 años, que ha decidido vivir la Semana Santa junto con otros hermanos voluntarios, las hermanas Misioneras Oblatas de María Inmaculada, y los hermanos franciscanos, en el corazón de la ciudad de Tetuán en Marruecos. Una experiencia de Caridad única y extraordinaria a través de la cual, días tras días, hemos aprendido a buscar el rostro de Cristo en los demás.


Más allá de la convivencia, hemos estado involucrados en una experiencia de voluntariado en la Asociación Nour, en la cual hemos trabajado al lado de niños con parálisis cerebral y diferente diversidad funcional. El encuentro con esta realidad no sólo ha removido el corazón, sino que, nos ha llevado a reflexionar sobre el valor de la Caridad, enseñándonos que es necesario prescindir de los prejuicios y de los preconceptos para encontrarse verdaderamente con el hermano.

La comunidad musulmana, nos ha acogido con alegría y buena disposición, y esto ha sido suficiente para construir lazos de amor, gracias a los cuales hemos podido profundizar la relación humana en la que desaparecen las diferencias de idiomas, religión y cultura, y se hace espacio al encuentro con la única fuente de Amor: el Cristo viviente.


Así que, aprendimos que no hay Caridad sin “encuentro”, y que el Señor te habla justo dentro de ese encuentro. Hay que preparar el corazón, dejarle entrar y transformar…


La misión para nosotros ha sido la ocasión para volver a descubrirnos como matrimonio fecundo en la comunidad. Ha reforzado el deseo de seguir manteniendo abierta nuestra casa a los demás, para facilitar espacios de encuentro donde poder compartir el pan y la vida de todos los días. Nos sentimos agradecidos por haber recibido el don de vivir esta gran experiencia que deja una huella indeleble en nuestra historia de marido y mujer."


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