Un Sí para siempre

Con muchísima alegría celebramos hoy la Oblación Perpetua de nuestra hermana Lydia.  Hoy Lydia dice su Sí definitivo y para siempre al Señor. A Él quiere entregar toda su vida dentro de nuestro Instituto de las Misioneras Oblatas de María Inmaculada. Ella misma lo ha explicado a la comunidad de los sordos de una manera sencilla: “Unida a Dios entrego mi vida para todos los hombres”. 



Para dar este paso  tan importante ha hecho un camino largo de formación, en el que una y otra vez, ha discernido y profundizado su vocación. En diferentes ámbitos ha comprobado que Dios le llama a seguirle, a imitarle: en la comunidad, en la misión, a través de la oración y por medio de los consejos evangélicos de pobreza, castidad y obediencia.  En todo esto le ha dicho su Sí. Y según ella, este Sí para siempre de hoy es la expresión de muchos “Síes” que ha dado a lo largo de todo un camino hecho en nuestro Instituto.


Pero Lydia sólo puede dar este Sí poEl Sí de Dios, que tiene su culmen en la cruz, que es el segundo elemento que encontramos en la invitación de Lydia. En la cruz contemplamos el amor y la fidelidad de Dios hasta el extremo, su entrega total a toda la humanidad. En los votos perpetuos las Oblatas recibimos esta cruz, por un lado, como signo de que hemos descubierto este amor en nuestras vidas y por otro lado, porque nos queremos unir a esta cruz y mostrarla a todos. Queremos contemplar el mundo y a todas las personas con los ojos de Cristo crucificado y, nuestra vida entregada a Dios, quiere ser signo de Su gran amor y su Sí a toda la humanidad.


Ser signo de este Sí en la vida de Lydia tiene una expresión muy concreta, sobre todo en la comunidad de sordos de Nuestra Señora del Silencio. Aquí  ha llevado a cabo su misión en estos años y hoy celebra aquí su oblación perpetua. A través del lenguaje de signos interpreta y hace llegar el Sí de Dios, su Palabra y su Amor a cada una de las personas que le son encomendadas. Así sabiéndose profundamente amada por Él, coopera como Misionera Oblata en Su obra de Salvación. Esto es lo que expresa el tercer elemento en su invitación: las manos.


En este día tan importante para Lydia, pero también para todo nuestro Instituto, damos gracias por su vida, su entrega y pedimos por ella uniéndonos  a las palabras que escucharemos de manera solemne en la celebración: “Dios, que comenzó en ti la obra buena, Él mismo la lleve a término.”



Katha OMI


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