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Una semana que transforma los corazones: misión en Carlinda, Málaga

  • 7 may
  • 6 min de lectura

Actualizado: 8 may


"Id y anunciad lo que habéis visto y oído: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan, los pobres son evangelizados” (Lc 7,22). Estas palabras del Evangelio resumen lo vivido durante la misión parroquial en Carlinda, un barrio de Málaga marcado por años de fragilidad y ausencia de una presencia estable de la Iglesia. Allí, gracias al compromiso de don José Emilio y de tantas personas de la parroquia, de la comunidad oblata y de los misioneros venidos de distintos lugares, hemos recorrido las calles, visitado familias y compartido la alegría y sencillez del Evangelio.

Durante esos días hemos sido testigos del obrar de Dios en los demás y en nosotros mismos. Entre encuentros, escucha y oración, han surgido pequeños signos de esperanza que muestran que el Evangelio siempre encuentra una tierra dispuesta a dar fruto. Los testimonios que siguen quieren anunciar precisamente esto: lo que hemos visto y oído.


Ismael OMI: "Le quiero dar gracias al Señor por todo lo que hemos vivido y compartido en la misión popular. Sobre todo porque nos ha permitido y dado la oportunidad de ser y sentirnos misioneros, es decir, personas que lo intentamos todo para dar a conocer la Buena Noticia del Evangelio del Señor. Y hacerlo como comunidad, como Pueblo de Dios, religiosos, religiosas y laicos, unidos al servicio de la misión. La misión nos ha unido como familia carismática oblata, y nos ha hecho vivir el carisma de San Eugenio, de tratar de evangelizar a los más pobres. Hemos hecho lo que teníamos que hacer, no buscando el fruto de la evangelización, sino sembrar, con la palabra y el testimonio de nuestra vida, la presencia viva del Resucitado en este rincón de Málaga. Es siempre una gracia el poder encarnar la vocación misionera, que todos tenemos, a través de la misión parroquial."



Mar, joven misionera de Málaga: "La misión en Carlinda ha sido un tiempo de gracia maravilloso. Me ha demostrado que el fruto no se ve y que, como laicos oblatos, tenemos la responsabilidad de difundir el mensaje de Jesucristo de diferentes formas. Siendo, me atrevo a decir, la más importante el simplemente prestar nuestro oído y poner nuestro corazón en cada una de las personas que nos comparten su historia. En el Evangelio, Jesús nos llama a cada uno de nosotros a evangelizar y afortunadamente he podido hacerlo con personas que ya tenían experiencia y que me han sabido guiar en este camino. En una de las visitas, tuve la fortuna de conocer a un hombre paralizado al completo, que no podía hacer nada aparentemente, excepto lo más importante: amar rindiéndose en las manos de Dios. En definitiva, me he encontrado con un Jesús vivo en cada una de las personas con las que me he cruzado y he aprendido que la misión no sólo trata de evangelizar sino también de ser evangelizado."


Paulina, postulante OMI: Durante una semana en Málaga, tuve la bendición de participar en una misión popular junto a los Misioneros Oblatos, las Misioneras Oblatas y un grupo increíble de jóvenes y adultos que se unieron a esta labor. ​Siendo esta mi primera experiencia de misión popular aquí en España, me sentí profundamente feliz de conocer a tantas personas nuevas. Tuvimos la oportunidad de visitar colegios para charlar con los estudiantes sobre lo que significa ser misionero, además de compartir momentos de cercanía visitando a las familias en sus hogares. ​Esta semana de misión ha dejado una huella en mi corazón; me ha enseñado el valor de la escucha y la belleza del encuentro compartido. Me llevo conmigo mucho aprendizaje y una gratitud inmensa por haber sido parte de esta comunidad. "


Rosa, laica oblata de Málaga: Samuel y yo nos ofrecimos como voluntarios para la misión sin intención de asumir responsabilidades, pero terminé coordinando una zona, viviéndolo como una llamada de Dios junto a mi hermana de comunidad, María del Mar, a la que ahora estoy más unida. Ha sido un tiempo de gracia, visitando casas, con buena acogida y dificultades, queriendo mostrar al barrio que hay una casa que los acoge, que los quiere y que les quiere mostrar a Jesucristo, que nos ama: la Iglesia. En la semana de celebraciones nos sentimos instrumentos del Señor, recibiendo más de lo que dábamos, teniendo presente que unos siembran y otros recogerán. Con los misioneros de Carlinda y su párroco, José Emilio, nos sentimos muy unidos, despertando el celo por el Evangelio. Y con los misioneros de fuera, compartiendo mesa y vida e invitándolos a cenar en casa con nuestros hijos, hemos visto cuánto bien ha hecho Jesús en nosotros. Gloria a Dios."


Maribel, profesora de Religión, colegio público Severo Ochoa: "Os escribo todavía con la emoción a flor de piel tras vuestro paso por nuestro colegio. Queríamos daros las gracias de la manera más sincera posible por el regalo que habéis sido para nosotros. Vuestra presencia ha logrado algo verdaderamente mágico: crear un ambiente de recogimiento y felicidad que ha inundado cada rincón. Lo más increíble ha sido ver la reacción de nuestros alumnos; incluso en aquellos cursos que solemos considerar "más difíciles" o complejos de alcanzar, el impacto ha sido total. Habéis conseguido que se detengan, que miren hacia dentro y que se emocionen. Ver sus caras de paz y esa alegría serena tras escuchar vuestro testimonio es la mayor prueba de que vuestro mensaje ha calado hondo. Habéis dejado una huella que, estoy segura les acompañará durante mucho tiempo. Gracias por vuestra entrega, por vuestra paciencia y por esa luz que habéis compartido con todos nosotros. Ésta siempre será vuestra casa. Con todo nuestro cariño y gratitud."


Candela, 4º de primaria, colegio público Severo Ochoa: "El jueves día 30 de abril fui a la iglesia del colegio San José Obrero y os voy a contar como me sentí. Me sentí feliz, alegre y estuvimos cantando, bailando y leyendo un libro sobre Adán y Eva. También estuvimos contando la historia del Hijo Pródigo. Con mi abuela y mi hermano nos lo pasamos ¡genial! y me divertí ¡muchísimo!"


Mónica, feligresa: La Misión ha pasado por nuestro barrio y ya nada es igual. Ha significado abrir las puertas, las de las casas y las del corazón. Ha significado recordar que todos somos misioneros y que la Fe no se guarda, se comparte. También hemos sentido cómo Dios camina con nosotros y nos transforma, nos une como hermanos. La Misión nos ha despertado, nos ha recordado que la parroquia Nuestra Señora de los Remedios es Tierra Sagrada porque aquí vive gente amada

por Dios. Nos ha dejado el corazón encendido y las manos con ganas de seguir. Doy gracias a Dios por su presencia y por cada misionero y misionera que fue su rostro. Cuidemos la semilla y Dios la hará crecer. Ahora empieza lo mejor: ¡¡¡Vivir como misioneros cada día con gratitud y esperanza!!! Gracias a vosotros que nos habéis “echado gasolina” en nuestros corazones y les habéis dado fuerzas, calor y estímulos para seguir siendo testigos del Amor De Dios.


Rosa, feligresa: Este tiempo de misión en nuestro barrio, ha sido tiempo de encuentro, llegando a las casas de los vecinos, conociendo más de cerca su realidad, haciéndoles protagonistas del Amor y la Alegría de Dios que sigue hoy presente a nuestro lado...

La familia Oblata y los voluntarios, han sido la fuerza y guía de este envío, me siento muy agradecida por su entrega a toda nuestra comunidad parroquial.

Esta experiencia me ha llenado del espíritu del Evangelio, poniendo en el centro "el amor al prójimo" como testimonio del Amor de Dios. Ha sido tiempo de gracia.


José Emilio, párroco: "Hace un año, más o menos, planteaba con Ismael la posibilidad de la misión parroquial: ¿cómo podíamos llegar a más personas, dar a conocer la parroquia, qué podíamos hacer para que el nombre de Jesús llegara a todas las casas? Somos una comunidad sencilla, muy sencilla. No podía imaginar entonces la cantidad de gente buena que se iba a embarcar en el proyecto y que ha tomado esta tarea como suya, colaborando en lo que ha podido, prestando su casa, buzoneando, visitando puerta a puerta, repartiendo carteles, rezando por la misión, aportando ideas… Gracias a todo el equipo misionero: ha sido un gozo teneros con nosotros. El Señor toca los corazones de una manera que solo él sabe. Como la sal, como la levadura, parece que nuestra parroquia no se nota, brilla poco, pero está. Y es mucho. Porque con el Señor el barrio es distinto.




 
 
 

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