Ser tu palabra para el mundo
Testimonio misionero desde Bambamarca, Perú — DOMUND 2026
«…apostolado de la conversación. Este apostolado de a pie, que se realiza en las calles, en el campo, en el hogar familiar, a la cabecera del enfermo. ¡Cuántas almas recobradas, sobre todo cuando el corazón ayuda a la palabra!
Beato José Gérard OMI

Después de casi cuatro años de misión en Bambamarca, Perú, estas palabras del beato José Gérard me hacen pensar en lo que significa ser misionera en estas tierras. Durante este tiempo he compartido la vida con jóvenes en las aulas de los colegios, con niños que llegaban desde distintos rincones y se reunían en la plaza de Morán Lirio, con padres de familia, maestros y profesores, y con tantas personas que he encontrado por el camino, incluso en esos encuentros sencillos en la calle, mientras caminaba hacia el mercado. Conversaciones breves, saludos, sonrisas y momentos compartidos que, poco a poco, me han permitido conocer más de cerca la vida de la gente.

He tenido la oportunidad de conocer muchos rincones de esta preciosa tierra, desde la sierra donde vivimos hasta la selva, donde en algunos momentos hemos compartido la misión con los Misioneros Oblatos, y también la costa. Sobre todo, he conocido muchas comunidades escondidas entre los cerros, donde la vida sigue adelante con esfuerzo y esperanza; donde los niños y jóvenes sueñan con un futuro mejor, los padres de familia luchan cada día por sacar adelante a sus familias y los maestros recorren largos caminos para llegar a sus escuelas y ofrecer a los niños oportunidades para aprender y crecer.

En medio de esta realidad, descubro que Dios también espera corazones dispuestos: los nuestros, de quienes hemos sido llamadas a salir y cruzar fronteras para que su mensaje llegue también a estos rincones. Y es aquí, en medio de la gente y de su vida cotidiana, donde voy descubriendo cada día lo que significa ser misionera: dejar que Dios cuente conmigo para hacer llegar su amor allí donde todavía hay tanto por acompañar, escuchar y sembrar.
Aquí, entre los cerros, a casi tres mil metros de altura, he descubierto una fe sencilla y una gran confianza en Dios. Las personas acuden a Él en las celebraciones religiosas, al recibir los sacramentos y, especialmente, cuando pierden a un ser querido, encontrando en la oración un apoyo para afrontar el dolor. Ante esta realidad, descubro que evangelizar no consiste solamente en organizar grandes actividades o transmitir conocimientos religiosos.

Muchas veces, la misión comienza con algo mucho más sencillo: detenernos, escuchar, interesarnos de verdad por la vida de alguien y estar presentes cuando nos necesita. Es en esos encuentros donde podemos mostrar, con pequeños gestos, el rostro de un Dios que no abandona, que comprende, que acoge y que ama.
En este sentido, me viene a la memoria una frase atribuida a san Francisco de Asís: «Predica el Evangelio en todo momento y, si es necesario, usa las palabras». Esta frase me recuerda que nuestra vida también tiene que hablar de Jesús. Nuestra manera de vivir puede ayudar a los demás a descubrir el amor de Dios y a reconocer que Él está vivo y sigue saliendo a su encuentro. Para mí, ser misionera oblata significa poner el corazón en lo que hacemos y mostrar, con nuestra vida, que Dios ama a cada persona y camina a su lado.
Como nos recuerda san Eugenio de Mazenod en el Prefacio de nuestras Constituciones y Reglas, estamos llamadas a llevar a las personas a sentimientos humanos, después cristianos y, finalmente, a ayudarlas a ser santas. Después de casi cuatro años en Bambamarca, sigo aprendiendo que ser tu palabra para el mundo (letra de la canción: Envíame a mí - https://www.youtube.com/watchv=MH1sXIYobTU ) significa dejar que Dios transforme mi vida para que, a través de mis gestos y mis palabras, otros puedan descubrir su amor. Esa es mi misión y el camino que deseo seguir recorriendo.
Kasia OMI




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