Perú: una misión que transforma
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Una vez más volvemos a nuestra experiencia misionera en Perú, esta vez de la mano de dos de nuestras hermanas y de un matrimonio que quiso compartir con nosotros lo que vivieron durante sus días de misión en Morán Lirio. Mayte y Pepe nos cuentan cómo llegaron con el deseo de ayudar y cómo, casi sin darse cuenta, terminaron descubriendo que la misión también consiste en dejarse tocar y transformar por las personas con las que nos encontramos. Una experiencia que, sin duda, merece ser escuchada.
Una misión que se quedó en el corazón
Somos Mayte y Pepe, médico y abogado de Madrid, y llevamos más de 28 años casados. Tenemos dos hijas adultas. Desde siempre nos apetecía realizar una experiencia misionera, pero, por circunstancias de la vida, no hemos podido llevarla a cabo hasta este verano de 2026.

Ha sido una vivencia que nos ha dejado una profunda huella: veinte días de misión junto a las hermanas Misioneras Oblatas de María Inmaculada en Morán Lirio, un pequeño poblado de la sierra del Perú.
Llegamos con el deseo de ayudar, pero pronto descubrimos que éramos nosotros quienes recibíamos mucho más de lo que podíamos ofrecer. En la sencillez de sus gentes, en la alegría de los niños y en la entrega diaria de las hermanas, encontramos una forma de vivir la fe con autenticidad y esperanza.

Durante nuestra estancia participamos en distintas tareas. Colaboramos en el centro de salud, compartimos charlas en las escuelas con padres, alumnos y docentes, y acompañamos a un grupo de niños en juegos después de la escuela y en la catequesis de preparación para recibir su Primera Comunión. Cada actividad, por pequeña que pareciera, se convirtió en una oportunidad para acercarnos a las personas y compartir con ellas no solo nuestro tiempo, sino también nuestra fe.
Desde el principio nos integramos en la vida de oración de las hermanas y compartimos con ellas el día a día de la misión. A pesar de las dificultades del clima y de las condiciones de las viviendas del poblado, la convivencia fue muy fácil y agradable. La sencillez de la gente de Morán, su hospitalidad, la alegría de los niños y su cariño espontáneo nos recordaron la belleza de una fe sencilla, vivida con el corazón.
Haciendo pulseras con los niños Formación con los padres de familia Celebraciones de la Palabra Jornadas con los estudiantes en los colegios Visitas a las casas con la Virgen peregrina En la posta médica El día de la despedida de Mayte y Pepe
Esta experiencia también ha sido muy especial para nosotros como matrimonio. Compartir una misión, servir juntos y salir de nuestra realidad cotidiana nos ha permitido reforzar nuestra fe y dar gracias por tenernos el uno al otro para seguir caminando juntos en la vida.

Nos marchamos de Morán Lirio con la sensación de que la misión no consiste únicamente en ir a ayudar a otros, sino, sobre todo, en dejarnos transformar por el encuentro. Volvemos a casa con muchos rostros y recuerdos en el corazón y con un profundo agradecimiento a las hermanas por habernos permitido participar en esta experiencia. Hemos vivido la certeza de que, cuando se entrega tiempo, cariño y fe, siempre se recibe mucho más de lo que se da.
Mayte y Pepe




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