El Evangelio tras los muros: encuentro con la misericordia
- 12 abr
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En esta Semana Santa, algunas de nosotras fuimos a Segovia, con las hermanas de aquella comunidad. Estuvimos en varios pueblos y, en mi caso, a sustituir a Raquel que va como voluntaria de la pastoral penitenciaria a la prisión de Segovia. Allí lleva el coro con un grupo de los chicos y que cantan en las Eucaristía los domingos.
Para mí ha sido un tiempo breve pero intenso, ya que me ha tocado mucho el corazón. Ya me avisó Raquel de que el Evangelio en el centro penitenciario suena de otro modo, pero no lo sabes hasta que no lo experimentas. Cuando fui el primer día al centro

penitenciario, el Domingo de Ramos, conforme iban entrando los chicos para la Eucaristía, me vino un pensamiento: “No soy menos culpable que ellos”. Todos cometemos errores, hacemos cosas mal y nos alejamos de Dios cuando hacemos mal al hermano. Pero ver sus rostros cuando se les anuncia la Buena Noticia, cuando se les habla del amor, del perdón, de la misericordia, de la esperanza… el Misterio de nuestra fe en Jesucristo como nuestro Salvador que se entrega por nosotros por amor hasta el extremo.
Me sentí muy acogida tanto por los chicos como por los demás voluntarios, y las personas que están allí estaban muy agradecidas ante gestos sencillos de cariño y sobre todo por sentirse escuchadas. Entre canciones y ensayos te comparten en qué momento estás, cuáles son los siguientes pasos que van a hacer, sobre las cosas que les gustan hacer, sobre sus familias, etc. Con lo que nos quedamos todos muy impresionados y tocados fue con el testimonio de uno de los chicos el Domingo de Resurrección. Los voluntarios comentamos después de la celebración que ese chico es muy especial, todos sentíamos cómo el Señor nos hablaba a través de él.

Comentando con algunas otras hermanas nuestras que ya han estado en este ámbito de misión creemos que es un lugar de misión y sentimos una llamada de estar cerca y anunciar la esperanza, que sólo Cristo puede dar, a los más abandonados, a
estas personas realmente marginadas. Ahora puedo entender un poco más la experiencia de San Eugenio cuando acudía a predicar a los que se encontraban privados de libertad y privados de escuchar la Buena Noticia de Jesucristo como Salvador y Redentor. Así que lo que me brota del corazón es una acción de gracias a Dios y a los pobres que me lo han manifestado, porque se han hecho ricos de la misericordia del Señor Jesús.

Inma omi




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