¿Acaso no son hermanos?
- 21 mar
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21 de marzo - Día Internacional de la eliminación de la discriminación racial.
¿Se ha vuelto difícil la tolerancia hoy en día? ¿Nos hemos cansado de acoger al diferente? Al observar la realidad en la que vivimos, es inevitable hacerse estas preguntas.

Algunos datos alarmantes
El informe anual de SOS Racismo continúa alertando sobre un racismo creciente en España, que se manifiesta en los ámbitos estructural, institucional y social, y que sigue en aumento respecto a años anteriores
Esta problemática tiene múltiples caras. Se refleja en la desigualdad de oportunidades para acceder a derechos de ciudadanía, recursos y un trato digno en áreas clave como educación, empleo, justicia, salud y vivienda (que representa el 22,98% de las denuncias). A esto se suman las trabas en los trámites de extranjería (36,64% de los 131 casos recibidos), la denegación de acceso a la vivienda (3,88% de los 129 casos), las agresiones verbales y físicas en espacios públicos y los discursos de odio (18,42% de todas las denuncias).
Tampoco faltan expresiones políticas que buscan criminalizar a determinados colectivos.[1] Las redes sociales nos bombardean diariamente con mensajes agresivos que difunden información falsa o no contrastada. De hecho, el último boletín de OBERAXE alerta de un aumento del 22% en los discursos de odio en plataformas digitales, donde los mensajes que deshumanizan a las personas migrantes son los más frecuentes (47%) y el uso de lenguaje agresivo explícito alcanza un alarmante 94%.[2]
¿Qué nos está pasando?
¿Somos más racistas que antes? ¿Cómo y por qué surge el racismo? Sin pretender un análisis exhaustivo de esta compleja realidad, conviene detenerse en algunas reflexiones fundamentales.

Los estereotipos que albergamos sobre quienes vienen de fuera —y no comparten nuestra lengua, cultura o religión— inician el daño. Casi sin darnos cuenta, nos empujan hacia juicios precipitados e ideas preconcebidas sobre sus intenciones
Thimbo Samb, actor senegalés que reside en España desde hace casi 20 años, relataba en las recientes Jornadas de Justicia y Misión de la CONFER cómo la policía aún lo detiene para pedirle sus papeles. Él afirma: “A nosotros también nos molestan los delincuentes. También queremos que el país sea seguro y prospere. A mí también me importa España”. Aunque se siente parte de nuestra cultura, la etiqueta de "migrante" es difícil de quitar. Incluso en su profesión, denuncia que los papeles que le ofrecen siempre son de delincuente, traficante o víctima[3]: ¿casualidad?
Del prejuicio al rechazo
Los estereotipos alimentan prejuicios que activan el malestar, la inseguridad y el miedo. Este miedo nos lleva a defendernos tras un "escudo": endurecer políticas, legitimar la pérdida de derechos o reforzar fronteras. De ahí solo queda un paso hacia el rechazo y el racismo, bajo la premisa de proteger nuestra identidad frente a quienes "vienen a quitarnos los derechos, cambiarnos las costumbres e invadir nuestras tradiciones” como si los derechos humanos fueran algo que se debe "merecer".
¿Por qué percibimos la diversidad como una amenaza? Los discursos generalizados nos polarizan y nos hacen perder los matices, el contexto, el proceso y la historia de cada persona. Solemos decir que "no se integran", olvidando que una verdadera integración es un esfuerzo bidireccional. Nuestra identidad es dinámica y cambia constantemente a raíz de muchos factores: el progreso, la tecnología, las creencias, las relaciones, la vida que nos va enseñando.

La integración requiere una visión amplia que vaya más allá de las ayudas sociales y administrativas (sin querer disminuir su valor y necesidad). Exige crear espacios para dar voz, reconocer talentos, abrazar historias, conectar sueños… en definitiva, un atrevimiento para tejer vínculos que nos transformen y nos hagan crecer. A todos.
Una mirada desde la fe y el Ubuntu
Sí, hoy en día hay que ser atrevidos para descubrir que las diferencias no restan, sino que son portadoras de valores que enriquecen. Y a los cristianos nos sitúan directamente ante los valores evangélicos.
Necesitamos purificar la mirada para percibir la identidad del otro no solo por lo que le falta, sino por lo que es, y abrirnos a lo que, si le damos la oportunidad, nos puede aportar. Esto implica superar la aporofobia que nos lleva a rechazar al pobre porque aparentemente no tiene nada con lo que enriquecernos.[4]

En su última exhortación, el papa León XIV nos lo dice claro: tenemos que escuchar a los pobres, porque nos ayudan a mirar la realidad que solos no somos capaces de ver.[5] Como decía San Eugenio de Mazenod: "los pobres nos evangelizan".
No siempre es obvio. Abou, que llegó hace dos años y medio en una patera a España, después de atravesar el desierto y sobrevivir al viaje por el Mediterráneo, se encontró con que lo primero que le dijeron fue: “Usted ha entrado ilegalmente en nuestro territorio”. Él reconoce que esas palabras le recordaron que había perdido sus identidades y que todavía era ilegal.
Lo que somos cada uno está formado por nuestra historia y nuestro pasado. Encierra el presente que vivimos y las aspiraciones de futuro que tenemos. Reducir a las personas a solo uno de los aspectos que forman su vida es despojarlas de su identidad. Hablar de las personas migrantes solo desde su situación administrativa irregular es hacerles una gran injusticia. Es mirarlas desde lo que les falta, no desde lo que son. Porque son mucho más.
¿Cómo eliminar el racismo?
Quizás el primer paso sea reconocer que todos albergamos ciertos sesgos racistas. Quizás, al igual que el rey David, necesitamos a un Natán que nos cuente una historia que nos ayude a ponernos en el lugar del otro y reconocer las injusticias cometidas.[6] O tal vez necesitamos caernos del caballo como Pablo y que venga Ananías a quitarnos las escamas de los ojos para descubrir que el Dios al que queremos y seguimos está perseguido en estos extranjeros, hermanos nuestros.[7]
Descolocarnos y asumir la mirada y el modo de Dios puede ayudarnos a tender puentes hacia “los diferentes”. Supone decir un sí a la complejidad de la vida humana, evitando los juicios simplistas. No significa en absoluto cerrar los ojos a los problemas, carencias y desafíos de los que está repleta nuestra realidad y que requieren soluciones por parte del país, de la Iglesia y del mundo.

El segundo paso puede ser aceptar con humildad nuestra interdependencia. Y no por una mera cuestión utilitarista, como se suele argumentar, sino porque la relación con el otro pertenece a la esencia de nuestro ser.
Para ello puede ser útil dejarnos iluminar por una antigua filosofía africana-el Ubuntu, que significa “yo soy gracias a ti”. Según Desmond Tutu, es uno de los mejores regalos de África para la humanidad. “La base de esta filosofía es el respeto, por uno mismo y por los otros. Por eso, si eres capaz de ver a los demás, incluso a los desconocidos, como humanos de pleno derecho, jamás los tratarás mal o como si fueran inferiores”.[8]
Adoptar una perspectiva Ubuntu puede curarnos de muchos males. Primero, porque nos permite reconocer nuestra identidad común. Nos ayudamos mutuamente a ser. Somos lo que somos gracias a otros. Nuestros esfuerzos pueden encaminarse a hacernos mejores personas.
Esta forma de mirar nos libera también de ver al otro de manera utilitarista, como alguien que sirve solo para satisfacer nuestras necesidades de desarrollo unilateral y consumo incontrolable. Y lo hace creando vínculos emocionales y afectivos con el otro. Propicia relaciones y crea amistades.

Acercarnos a los demás y atrevernos a escuchar sus historias nos permite ir más allá de la apariencia, aprender a mirar como mira Dios, que ve el corazón, y que en un simple pastorcito vislumbra al futuro rey de Israel.[9]
Ubuntu nos ayuda en una cosa más, quizás la más importante: en un mundo lleno de decepciones, falsas promesas y extorsiones de “los poderosos”, nos hace recuperar la confianza en la bondad de los demás. Ubuntu es dejar atrás al enemigo para descubrir al hermano. ¿Acaso no son hermanos?

Paulina, OMI
[1] cf. Informe anual sobre el racismo en el estado español. Realizado por Federación SOS Racismo. Publicado en junio 2025. El informe refleja y analiza datos pertenecientes a las denuncias presentadas en el año 2024, https://sosracismo.eu/wp-content/uploads/2025/12/Informe-Cuantitativo-julio-25.pdf, última consulta el 10 de marzo de 2026.
[2] cf. Informe Oberaxe publicando en enero 2026, https://www.inclusion.gob.es/documents/3976301/7516858/Bolet%C3%ADn+mensual+Enero+2026_24-2.pdf/d295a3f1-1d61-fea7-4d64-43469b291ab6?t=1771938365478, última consulta el 10 de marzo de 2026.
[3] cf. Entrevista con Thimbo Samb en el diario El Salto de 5 dic 2024, https://www.elsaltodiario.com/en-el-margen/ganar-goya-cayucos-kayar-significaria-mundo-del-cine-espanol-valora-historias-diversas, última consulta el 10 de marzo de 2026.
[4] Según el concepto de aporofobia acuñado por Adela Cortina, https://elpais.com/diario/2000/03/07/opinion/952383603_850215.html, última consulta el 10 de marzo de 2026.
[5] cf. León XIV, Exhortación apostólica Dilexi Te, sobre el amor a los pobres, de 4 de octubre de 2025, nº 100.
[6] cf. 2 Sam 12, 1-7
[7] cf. Hch 9, 1-19
[8] Jaco Hoffman, profesor de la Cape Town University en Sudáfrica y de la Universidad de Oxford, habló de esto durante la charla “Construcción de paz en la Sudáfrica de los noventa y cultura del cuidado”, como parte del seminario “Cuidados para la vida y el bien común” del Centro de Ciencias de la Complejidad (C3) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), https://www.c3.unam.mx/noticias/noticia217.html, última consulta el 10 de marzo de 2026.
[9] cf.1 Sam 16,7




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