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Y tú,¿cómo esperas?

Hoy día no está de moda tener paciencia ni esperar. Todo lo conseguimos en el momento y si no…nos desesperamos. ¿Te gusta vivir así? Es cómodo, pero… ¿Por qué no te paras un poquito y reflexionas sobre ello? Quizás descubras algo bueno de la espera. María recibió algo que no esperaba, ¿estás tú dispuesto como ella a recibir? Párate un momento y escucha: ¡Quizás descubras algo!


En el mes sexto, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era maría. El ángel, entrando en su presencia, dijo: “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo”. Ella se turbó grandemente antes estas palabras y se preguntaba que saludo era aquel. El ángel le dijo: “No temas María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás y darás a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin”. Y María dijo al ángel: “¿Cómo será eso, pues no conozco varón?”. El ángel le contestó: “El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer será llamado Hijo de Dios. (Lc 1, 26 - 38)


Tómate un minuto y contempla la imagen. ¿Cómo crees que se siente María recordando este encuentro con el ángel Gabriel? Como hizo con ella, Dios hoy quiere llamar tu atención. Él conoce tu tiempo, tus anhelos, tus deseos, tus miedos, tus inseguridades, por eso toca tu corazón con mimo, con ternura. Te espera. Te manda tu propio “Gabriel”. Él también tiene algo que anunciarte a ti. ¿Puedes escuchar que te dice? ¿Eres capaz de esperar como lo hizo María? Sin prisas, sin temor… María, se sorprendió, y sin saber cómo sería todo, supo tener calma, dejó que pasara el tiempo sin prisas, supo ESPERAR. Hoy ella tiene un mensaje para ti. Quiere compartir contigo qué es eso de la espera.



La ESPERA es tiempo de calma, de silencio. Saber parar, que no significa no hacer nada. Contemplar, confiar. Escucharnos en el silencio. Disfrutar del momento presente, saber qué es lo que verdaderamente importa. Recordar el camino andado y rescatar la ilusión desde dentro para continuar.


La ESPERA tiene consecuencias, no es simplemente esperar. Es cambiar, caminar, cansarse, esforzarse, levantarse. El camino nos transforma, nos sorprende, nos ayuda a crecer, nadie dijo que fuese fácil.


La ESPERA lleva a vivir la ESPERANZA, esperanza que nace de lo que hay en tú corazón, un corazón que puede dar vida y transformar el mundo, como hizo el de María.



Para terminar, piensa en lo que necesitas cambiar para poder ESPERAR como lo hizo María.

Asun omi



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