"Un corazón tan grande como el mundo"


Recuerdo a mis 18 años ser testigo de algo muy grande. Lo más significativo y emocionante en aquel momento fue contemplar y descubrir una Iglesia universal, católica, con gentes de tantas naciones, razas, vestidos multicolores... Y todos fuimos convocados por un hombre, Eugenio de Mazenod. Ese día, en el carisma Oblato, comenzó algo nuevo. "Unidos en un solo corazón y un solo espíritu", la Gracia en Eugenio inició una Nueva Familia: ya no sólo Oblatos, sino junto a ellos, laicos, consagradas y "algo nuevo q estaba brotando", como dice el profeta, las Misioneras Oblatas de María Inmaculada, que nacerían apenas dos años más tarde.


San Juan Pablo II en su discurso a los jóvenes el día 2 en la sala de Pablo VI, nos exhortó a ser valientes misioneros como Eugenio y responder a la llamada que Dios nos estaba realizando: "Amadísimos jóvenes, en Eugenio de Mazenod tenéis un maestro, un guía y un protector. En su escuela podéis descubrir cuán bella es la vida puesta al servicio del Evangelio".


Y añadió el día 4, a todos los peregrinos que fuimos testigos de tal acontecimiento de Gracia para toda la Iglesia:

"Ya sabéis que los jóvenes son valientes misioneros de otros jóvenes. Por esto Cristo os confía la misión de difundir la buena nueva de su resurrección, especialmente entre los movimientos que siguen el espíritu de San Eugenio"

Hoy tras 25 años de vida como Misioneras Oblatas de María Inmaculada, podemos dar gracias a Dios y a Eugenio que intercedió, sin duda, en nuestro nacimiento: la belleza de la vocación misionera a la que nos llama y nos sigue llamando en el tiempo que nos toca vivir, siga dando frutos de vida, y vida en abundancia para tantos hombres y mujeres, jóvenes, que buscan una esperanza que les llene el corazón. Eugenio, padre de esta gran familia, continúe intercediendo por nosotros.




22 vistas0 comentarios

Entradas relacionadas

Ver todo