Un corazón árido

Os invito a fijaros en la figura del desierto. Un lugar en el que no se puede vivir, árido, lleno de dificultades, un lugar en el que te tienes que mover para buscar agua, esa agua que en un momento dado nos da la vida...



Está figura puede ayudarnos a ver nuestra vida, nuestro entorno. A fijarnos si nos movemos para buscar esa agua. No dejemos que nuestro corazón sea árido. Preparemos nuestro corazón para poder recibir a Jesús. Se nos invita a no desfallecer. A seguir caminando al encuentro del Señor.


San Marcos 1, 1-8

"Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor"


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