¡Dichosos!

El Resucitado no es como un héroe de las películas que gana los combates sin heridas. Los discípulos reconocen a su amigo resucitado por las heridas de la crucifixión y se llenan de alegría. El Dios, hecho hombre, sabe que la vida humana no existe sin sufrimiento.


Tomás lo ha experimentado también, pero está encerrado en su autocompasión y no puede creer a sus hermanos en la fe. Necesita ver y tocar las heridas del Señor y el Resucitado responde a su necesidad. ¿A quién le gusta mostrar y tocar sus heridas – sean corporales o espirituales? Esto duele. Pero el Resucitado no tiene miedo, incluso las deja tocar por otros.


Dios se ha hecho semejante a nosotros y sabe lo que significa sufrir. Este Evangelio me da la gran certeza que Dios está también cuando sufro, me acompaña ahí y me quiere curar. ¡Sus heridas nos han curado!


San Juan 20, 19 - 31

"Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo".


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