Amando hasta el extremo

Amor, servicio, eucaristía, sacerdocio, son palabras que escuchamos en este día de Jueves Santo. Al leerlas y meditar sobre ellas pienso: No hay eucaristía sin sacerdocio, no hay sacerdocio sin servicio y no hay servicio sin amor, y me pregunto: ¿Puedo recoger todas en una?


Y la respuesta es sí, puedo resumirlas todas en la palabra AMOR. Un Amor que brota de un corazón que se sabe abandonado, negado, incomprendido, pero que no se busca a si mismo, sino que busca al otro. Por ello se entrega, se parte y reparte en la Eucaristía, se da en el servicio, queriendo mostrar que mi grandeza, tu grandeza, no está en lo que tengo o hago, sino en lo que soy, y lo más grande que hay en mí, en ti, es que soy, somos hijos de Dios.


Un Dios que invita a amar con su corazón, un corazón grande, generoso, humilde y misericordioso, es así como Jesús se acercó a sus apóstoles, y es así como en este día, y para siempre, nos invita a acercarnos a aquellos que tenemos a nuestro alrededor.


¿Quieres acoger esta invitación?


San Juan 13, 1 -15

"Señor, ¿lavarme los pies tú a mi?".


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