Misioneras Oblatas de María Inmaculada

 Misioneras Oblatas de María Inmaculada

It´s better to ...

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united kingdom 64... see something once than to hear about it a thousand times", como dice un dicho chino (“más vale ver una sola vez, que oír cien veces”). Por eso hemos seguido la invitación de un oblato que trabaja en Hong Kong, para visitar su misión y los jóvenes que habíamos conocido en la JMJ oblata en verano en Polonia. 

El 3 de diciembre (día de San Francisco Javier), Marimar y yo, nos subimos a un avión que nos iba a llevar primero a Zürich. Desde allí, después de unas horas de espera, cogimos el vuelo que nos iba a llevar directamente a Hong Kong.

Llegamos allí sobre las 18:00 horas, aunque en el avión hace una hora habíamos desayunado, ya que hay 8 horas de diferencia respecto a España. Allí nos dieron la bienvenida dos jóvenes, Rita y Sebastian, que nos llevaban al colegio de los oblatos, donde nos íbamos a alojar esos días. El viaje del aeropuerto al colegio es fascinante, ya que parece que todo Hong Kong son rascacielos, nos van contando cómo vive la gente aquí. Seguidamente nos llevaron a cenar con el P. Slawek, fue él quien nos posibilitó el viaje, y tenemos ocasión de probar la comida típica china – comiendo con palillos evidentemente. chopsticks

Al día siguiente, tras conocer la comunidad de los oblatos que vive en otro colegio, cogemos un tren durante unas dos horas y media. Cruzamos la frontera a China continental y llegamos a una ciudad que se llama Guanzhou. Es una ciudad más grande que Hong Kong todavía (con 13 Millones de habitantes). Nos esperan allí dos oblatos que nos acogen en estos días y nos cuidan mucho. Su casa es muy sencilla, pero acogedora. El novicio, que estuvo con ellos unos días antes de retiro como preparación a sus primeros votos, ha preparado la cena. Compartimos no solo la comida, sino también algo de nuestras vidas y nuestras llamadas. Al día siguiente podemos ver la ciudad con sus mercados típicos, la catedral y la vegetación que es un poco tropical. También nos enseñan un proyecto que acompañan. Es una guardería para niños cuyos padres están trabajando todo el día y no pueden pagar la educación. Allí podemos celebrar de una forma muy sencilla la misa. Y finalmente por la noche tenemos la posibilidad de encontrarnos con los jóvenes que habíamos conocido en Wroclaw en verano. Es un encuentro alegre y de compartir también la fe.

DSC03504Al día siguiente volvemos a Hong Kong. Han pasado pocos días, pero llenos de tantas experiencias, que nos da la impresión, que llevamos semanas aquí. Un día podemos ver también un poco más la ciudad con sus edificios enormes, el mar que separa una isla de la otra y algo del paisaje que lo rodea. El 8 de diciembre tenemos la suerte de poder celebrar junto con los oblatos no solo la fiesta de nuestra patrona y Madre Inmaculada, sino también la primera oblación de un joven de Hong Kong. Es un momento importante para él y para todos los oblatos de la delegación. Después lo celebran con cantos y bailes.
Otro día tuvimos la posibilidad de conocer los cuatro colegios, que los oblatos tienen en Hong Kong. Se nota allí el espíritu oblato, aunque la mayoría de los niños y profesores no sean cristianos, pero muestran mucho respeto.

IMG 7467Casi al final de la semana por fin nos podemos encontrar con muchos jóvenes que habían participado en la JMJ. Compartimos experiencias, jugamos, cantamos y bailamos. También contamos de la historia de nuestra pequeña congregación y cómo un joven puede ponerse en búsqueda de su vocación. Celebramos juntos la misa en San Alfred church, la parroquia donde nos habíamos encontrado. Después los jóvenes preparan comida para familias necesitadas y la llevamos a un punto donde vienen para recogerlo. Es un testimonio de caridad. Luego cenamos todos juntos, reunidos en torno a una olla grande con caldo hirviendo, donde cada uno pone lo que le apetece de verdura, carne o pescado. Se llama hot pot.

lentEl último día compartimos con muchas mujeres de Filipinas, que los domingos se encuentran en el colegio de los oblatos, en este momento el colegio se transforma en parroquia. Es su día libre, ya que ellas trabajan en casas de otras familias, lejos de su país y de sus familiares. En la parroquia tienen un lugar para encontrarse, comer tranquilamente y rezar. Compartimos la misa y una comida típica y muchas fotos.

Después, ha llegado el tiempo de la despedida. Lo que más nos llena en este momento el corazón es agradecimiento… a Dios que nos ha acompañado en todo el viaje y a todas las personas que nos han acogido con el corazón abierto, por las que hemos sentido también la presencia de Dios.

La mañana del 12 de diciembre, estamos de nuevo en Madrid, con un frío inhabitual, pero muy contentas. Dios sabe, cuando volveremos.

Lisa omi

 

 

 

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